Nos decía Guillet-Damitte  en la Pequeña enciclopedia de las escuelas;  Los efectos del café son muy numerosos y todos notables: 

“Mantiene la agudeza de las percepciones del cerebro; disipa casi siempre y con gran rapidez los dolores de cabeza, sea cual fuere su causa y su naturaleza; facilita la digestión; combate la pereza de los intestinos y contribuye a mantener libre el vientre”.

Y en efecto, el café tiene poderes que no debemos despreciar, de principio es un alcaloide (de parecido a álcalis), con acción sobre el sistema nervioso central como todos los metabolitos secundarios de plantas similares pertenecientes a esta clasificación, su alcaloide, la cafeína que realmente estimula al organismo, mejora el rendimiento de la actividad física, la actividad intelectual, y si que favorece la digestión, ya el gran genio J. Wolfgang von Goethe también cautivado por esta bebida en 1819, proporcionó al químico F.F. Runge granos de café y fue éste que por primera vez (descubrió) aisló la cafeína, desgraciadamente beberlo sin control nos puede llevar al hábito y provocar dependencia, precisamente por esas propiedades estimulantes que tanto nos agradan.

También hay que decir que puede tener efectos afrodisiacos y nos puede ayudar a mantenernos despiertos cuando lo necesitemos.

Una forma deliciosa (de sabor y apariencia) de consumirlo es el café llamado: café Capuccino o café Capuchino, término seguramente proveniente de aquel monje capuchino el padre Marco d´Aviano que en 1683 usó el café que los ejércitos turcos abandonaron en una retirada, y que haciendo la infusión mezcló este con leche. 

El capuchino que servimos en Ensalute inntegral procede de un “café espreso” adicionado con una suave espuma de leche, y aquí somos muy cuidadosos con la temperatura debido a que el café está caliente y a la leche fría se le inyecta vapor caliente para hacerlo de consistencia cremosa, sin dejarlo hervir pues modificaría el sabor tan apreciado por nuestros clientes, el resultado; una exquisita  bebida que por su color nos recuerda el hábito de aquel monje capuchino que lo ideó hace ya mucho tiempo.